domingo, 6 de julio de 2008

Gonzalo Báez-Camargo en protestante digital 2

Báez-Camargo, el biblista que servía a Dios

Ya iniciamos la pasada semana una exposición de la vida y la obra de este gran escritor que puso su pluma al servicio del Evangelio. Estudioso de toda la vida, fue un incansable traductor y maestro de Biblia. Educador, poeta, periodista, arqueólogo, lingüista, editor y organizador de proyectos intelectuales evangélicos. Su ministerio estuvo guiado por la convicción de que, como discípulo de Cristo, era necesario cultivar una fe ilustrada.

Como vemos, Báez-Camargo fue un hombre polifacético, y puso al servicio de los cristianos los dones que el Señor le dio. Una de las tareas a las que dedicó mucho de su tiempo y energías fue la traducción bíblica. Él formó parte del equipo que revisó la versión antigua de la Reina-Valera, y la puso al día en cuanto a términos del español usual de 1960. Precisamente de este año es la todavía muy usada, ente el pueblo evangélico, Reina-Valera conocida como del sesenta. Fue uno de los principales traductores de la Biblia Dios Habla Hoy, en la que se usaron equivalencias dinámicas en lugar de criterios literales de traducción

A su erudición le acompañaba la humildad, lejos de él estaba un intelectualismo árido y lejano a las relaciones humanas. De ellos deja testimonio Alfredo Tepox Varela, quien trabajó en el equipo de traductores junto con Báez-Camargo: “Dos veces a la semana llegaba don Gonzalo a la oficina de Traducción de las Sociedades Bíblicas Unidas, días que para mí eran muy especiales pues al despedirse siempre me quedaba yo con una nueva enseñanza suya. De él aprendí a ser objetivo y mesurado en los juicios, y caritativo en las apreciaciones. Cuando alguna vez me atreví –osadías de mi juventud- a diferir de él en algún punto, con tacto y elegancia me enseñó a no ceder cuando se está convencido, pero tampoco a apabullar al neófito, don Gonzalo no vencía, sino que convencía”.

El mismo testigo, impresionado por la enorme productividad de Báez-Camargo, deja constancia de la práctica de un valor que la improvisación pretende, vanamente, suplir: “Un día, al verlo analizar los textos bíblicos con tanta acuciosidad, y sabiendo que era profesor de un seminario y catedrático de una universidad, y que escribía dos editoriales por semana, y que preparaba dos nuevos libros, y que además viajaba ocasionalmente y dictaba conferencias, no pude reprimir mi curiosidad y le pregunté cómo se las arreglaba para hacer todo eso. Con una amable sonrisa en los labios, respondió: ´Alfredo, la respuesta es una sola palabra: trabajo´. Trabajo, sí; pero también método y orden. Porque don Gonzalo jamás daba la impresión de apresuramiento, sino más bien de apacibilidad

Los lectores de la Biblia Dios Habla Hoy debemos agradecer la erudición, amor y pulcritud con las cuales él revisaba los avances de la traducción. De nueva cuenta citamos a Alfredo Tepox, conocedor de los “intestinos” de este arduo trabajo. “Como traductor, a mí me consta que nada hacía ni sugería sin antes verificarlo. La nueva Biblia en español contemporáneo y latinoamericano, que hoy se conoce como Dios Habla Hoy, y en cuya traducción tuve el privilegio de participar, pudo beneficiarse en gran manera de las observaciones y sugerencias que don Gonzalo hizo al borrador preliminar. Porque don Gonzalo fue el consultor exegético de dicha versión. Sus anotaciones manuscritas siempre procuraban recoger aquellas aparentes sutilezas del texto original que, no obstante, daban a la frase traducida su sentido más preciso”.

Recibió innumerables reconocimientos, tanto de organizaciones y centros educativos seculares como de instituciones cristianas de distinta denominación. Uno de sus galardones de amplio reconocimiento en el mundo de habla hispana fue su recepción, el 28 de mayo de 1981, como miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, correspondiente a la de España. El tema de su discurso fue El concepto de la mujer y del amor en Don Quijote. Tuvo a su cargo la respuesta a la exposición de don Gonzalo, el doctor Antonio Gómez Robledo, quien hizo un hermoso reconocimiento a quien se inició en el oficio de escritor a los trece años de edad: “A partir de entonces, su vida entera no ha sido sino un acto continuo, aunque de tracto sucesivo, de amor a la Palabra subsistente y a la palabra contingente. A la primera la adoración; a la segunda, la entrega total, en cuerpo y alma… Detrás de su producción literaria, impresionante, inmensa, variadísima, está una formación intelectual de lo más esmerado

A Gonzalo Báez-Camargo debemos la traducción de un libro capital para comprender la conformación histórica del mundo espiritual latinoamericano, así como la relación del mismo con la religiosidad española implantada en el Nuevo Mundo a partir del siglo XVI. Nos referimos a la obra del misionero, teólogo y educador escocés John A. Mackay (1889-1983), El otro Cristo español, un estudio de la historia espiritual de España e Hispanoamérica, quien tuvo un fructífero ministerio en América Latina, particularmente en Perú.

¿Qué Cristo traen a las tierras bajo su dominio las tropas y clérigos españoles? Mackay, quien por cierto redacta su libro en México, resume magistralmente su respuesta: “Cristo vino a América. Desde Belén y el Calvario, pasó por África y España en su largo viaje al Occidente hasta las pampas y cordilleras. ¿Pero fue realmente Él quien vino, o fue otra figura religiosa que portaba el mismo nombre y alguna de sus marcas? Pienso a veces que el Cristo, de paso a Occidente, fue encarcelado en España, mientras que otro que tomó su nombre se embarcó con los cruzados españoles hacia el Nuevo Mundo, un Cristo que no nació en Belén sino en Noráfrica. Este Cristo se naturalizó en las colonias ibéricas de América, mientras el Hijo y Señor de María ha sido poco más que un extraño y peregrino en estas tierras desde los tiempos de Colón hasta el presente”.

Larga es la lista de logros alcanzados por Gonzalo Báez-Camargo, lo mismo que extensa es la de quienes vieron en él ejemplo a seguir en los más variados campos. Pero lo que más le interesaba a él era cumplir con la misión que su Señor le había encomendado, la de usar sus dones para sembrar el Evangelio y educar en la fe a los discípulos a su cargo.

Bien sabía que su trabajo se complementaba con el de otros en la extensa familia de la fe. De manera poética plasmó su anhelo, ser fiel a la misión encomendada y su esperanza en que el Padre levantaría otras manos para la siembra y la cosecha.

CUANDO ME LLAMES

Concédeme, Señor, cuando me llames,
que la obra esté hecha:
la obra que es Tu obra y que me diste que yo hiciera.
Pero también, Señor, cuando me llames,
concédeme que todavía tenga
firme el paso, la vista despejada
y puesta aún la mano en la mancera.
Yo sé muy bien que cuando al cabo falte
mi mano aquí, tu sabia Providencia
otras manos dará, para que siga
sin detenerse nunca nuestra siembra.

Gonzalo Báez-Camargo en protestante digital 1

Báez-Camargo, el articulista protestante de Oaxaca.

Fue un gran escritor en un país de pocos lectores. Puso su pluma al servicio del Evangelio, estudioso de toda la vida, fue un incansable traductor y maestro de Biblia. Educador, poeta, periodista, arqueólogo, lingüista, editor y organizador de proyectos intelectuales evangélicos. Su ministerio estuvo guiado por la convicción de que, como discípulo de Cristo, era necesario cultivar una fe ilustrada.

Nace en Oaxaca, estado de la República Mexicana que hasta el día de hoy es el de mayor población indígena. Ve la luz el 13 de noviembre de 1899. Es hijo adoptivo de don Victoriano D. Báez, quien le estimula intelectualmente y le brinda toda clase de apoyos. Gonzalo Báez-Camargo publica su primer artículo muy joven, a los trece años. Lo hace en la revista Alborada, órgano de la sociedad estudiantil de la escuela metodista de la ciudad de Puebla. Años después inicia la que sería una larga carrera como escritor en periódicos seculares. A fines de los años veintes escribe artículos en el periódico poblano La Opinión. En 1929 se traslada a la ciudad de México, al año siguiente ve fructificados sus anteriores intentos de publicar en el prestigiado diario de circulación nacional Excelsior. Permanece como articulista de planta desde 1930 y hasta 1983, año de su muerte.

En las poco más de cinco décadas de colaborar en Excelsior, Gonzalo Báez-Camargo escribe, según sus propios cálculos alrededor de siete mil artículos. En un recuento que él hizo de su labor periodística cuando cumplió sesenta años como escritor, en 1973, consideraba haber reseñado y/o dado noticias de unos nueve mil libros. Porque, como veremos más adelante, fue un disciplinado lector. Su pasión lectora fue una de los componentes de su labor como escritor. Se esforzaba por leer el significado de los sucesos nacionales e internacionales, lo mismo que de interpretarlos. De ahí que él le pusiera el nombre de “Pulso de los tiempos” a una de las tres columnas fijas que escribió en Excelsior a los largo de los años.

Muchos fueron los temas a los que Báez-Camargo dedicó su atención, y su pluma. Imposible siquiera bosquejarlos en el limitado espacio que nos permite esta semblanza. Un tópico que cruza toda su producción periodística, desde sus primeros escritos hasta los últimos, es el de informar sobre las iglesias evangélicas, así como defenderlas de ataques ingenuos o ideologizados. Lo hizo con conocimiento de causa ya que desde su niñez fue miembro de la Iglesia metodista, en la que permaneció toda su vida.

En 1930 Gonzalo Báez-Camargo, en ese entonces Secretario General de Educación Religiosa para las Iglesias Evangélicas de la República Mexicana, escribe una pequeña obra con el fin de expresar y explicar los objetivos del protestantismo nacional. Uno de los puntos que trata el autor es la reiterada, y todavía presente hasta nuestros días, acusación de la, escribe, “volandera e irresponsable voz de la conseja”, sobre que “los protestantes somos las avanzadas, arteras y disimuladas, del imperialismo de Norteamérica”. En el momento de escribir esto, Báez-Camargo tenía tras de sí una considerable experiencia en el tema, ya que tal tópico había sido punto de diálogo en el Congreso Evangélico Hispanoamericano de la Habana, en 1929, del que él funge como presidente.

En 1934 el Concilio Nacional de las Iglesias Evangélicas (CNIE) da a conocer un documento que es declaración de principios y misión. El responsable de la redacción final es Báez-Camargo. Él fue pieza clave para que el CNIE considerara pertinente destacar que el protestantismo nacional tuvo como un componente importante en su origen histórico las luchas de los liberales del siglo XIX, es decir, que su nacimiento estuvo ligado al surgimiento del Estado mexicano moderno, el Estado laico. A partir de esta óptica, quienes conspiraron contra la construcción de la nación mexicana moderna no fueron los protestantes “extranjerizantes”, sino aquellos que defendieron el monolitismo religioso católico y la cerrazón política.

En Excelsior Báez-Camargo escribe, bajo el seudónimo de Pedro Gringoire, muchos artículos para defender del desconocimiento y calumnias a las iglesias evangélicas. En esa tarea busca dejar claro que la mexicanidad de dichas iglesias debiera estar fuera de discusión, ya que sus ligas con asociaciones extranjeras similares se daban en un plano de fraternidad con base en las creencias comunes y no como relaciones supeditadas a determinado proyecto político. Por ejemplo, responde (12 de marzo, 1983) a un artículo escrito por el líder del Partido Popular Socialista, Jorge Cruishank, quien tres días antes lanza acusaciones contra las iglesias protestantes y el Instituto Lingüístico de Verano, señalándolas de tener como “propósitos sociales y políticos… manipular la conciencia de nuestro pueblo para hacerlo presa fácil, desnacionalizándolo, de los apetitos imperiales”.

Después de acumular argumentos, Gonzalo Báez-Camargo reta al dirigente político a probar sus acusaciones en los siguientes términos: “Como miembro de una las iglesias acusadas, la Iglesia Metodista de México, nacional y autónoma, y conocedor de las demás mencionadas, así como del ILV, y como colega en las páginas de un diario cuyo prestigio estamos obligados a proteger por medio de la verdad, reto públicamente al señor Cruishank García a que exhiba pruebas fehacientes de sus cargos. Por pruebas fehacientes entiendo las que serían aceptadas por un tribunal en juicio por calumnia, ya que un cargo sin pruebas es eso: calumnia neta. No. Hay que ir al grano, don Jorge. Lo que usted tiene que demostrar con pruebas, repito, fehacientes es que las iglesias protestantes y el ILV se dedican a actividades subversivas y que están ´manipuladas´ por los mandos políticos de Estados Unidos. Eso, mi estimado colega, jamás podrá usted probarlo”.

El 26 de marzo (“El ILV en Oaxaca”) del mismo año y el 16 de abril (“Calumnias contra el ILV”), Báez-Camargo reseñó las tareas a las que se dedicaban los lingüistas y traductores de la Biblia del Instituto, reitera su desafío a Cruishank, a quien s le había unido en su cruzada anti-ILV el famoso columnista político Manuel Buendía. El combativo don Gonzalo no vaciló en hacer extensivo su reto el más influyente periodista de esos años. En otro de sus artículos (21 de junio) Báez-Camargo saca a relucir un testimonio elogioso para el ILV de José Revueltas, el legendario escritor de izquierda. A Revueltas lo consideró nada menos que Octavio Paz “uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más puros de México”. En el mismo artículo finaliza haciendo un llamado para que los críticos del ILV revisaran la extensa bibliografía producida por el Instituto, y así verificaran que los elogios de Revueltas eran plenamente justificados.

De entre los miles de artículos de Báez-Camargo, que en distintos momentos fueron compilados y publicados como libros, destacamos el de Las manos de Cristo. Se trata de un conjunto de lo que él llamaba “sermones laicos, inspirados en el anhelo de compartir el Evangelio en lenguaje de todos los días”.

Las que sigue son líneas escritas sobre ese libro por el teólogo René Padilla, uno de los fundadores de la Fraternidad Teológica Latinoamericana: “A lo largo de los diecinueve capítulos de ese gran librito va cobrando forma la figura de Jesucristo, vestida en elegante prosa. Evidentemente, para don Gonzalo el Evangelio es esencialmente la buena noticia relativa a un ´Rey que nació pobre, pobre de pobres, en un pesebre, y murió en compañía de malhechores en una cruz´, en el cual ´entró en el mundo la norma y el plan de la fraternidad universal´, la ´fraternidad humana basada en la libertad y la justicia´… Uno de los temas que se reiteran a lo largo de toda la obra es el de los sufrimientos de Cristo. Para él, Dios se revela preeminentemente en el Cristo del Calvario ´el Cristo de las manos traspasadas´ porque es ´un Dios que sufre…cuyas lágrimas se mezclan, en simpatía, con las nuestras´. Esto no niega el triunfo de la resurrección: lo que niega es que el Dios que se manifiesta en Jesucristo sea un ser impasible frente al sufrimiento humano. Por el contrario, él es Dios que se compromete con la situación humana, el Dios que sufre por sus hijos, el Dios que a través del amor convierte el sufrimiento en ´potencia redentora y fuente de vida eterna´. Según los griegos, Dios no podía sufrir sin dejar de ser perfecto; según el Evangelio ´Dios no sería perfecto si no fuese capaz de sufrir, puesto que ´el verdadero amor es siempre amor que sufre, y porque sufre, redime´… Evidentemente, para don Gonzalo toda la historia y la vida humana encuentran su sentido en Jesucristo y en su ley del amor”.

sábado, 5 de julio de 2008

Esfumate

Ya no te necesitaron, es lo mejor
Eras alguien a quien creian conocer
Fue muy simple nominar
Menos de la mitad del juego y te mandaron a volar

Ahora quieres tener tu propio show
Como un joven perdedor

No te alcanzo con ser cabron
La estupidez te parecia diversión

No te preocupes podes cambiar
Por que la inmadurez
A veces desaparece con la edad

Lee mis labios
como los de tu profesion Esfumate
Esfumate

Esfumate
Esfumate

Como los de tu profesion Esfumate.

Andre queridaa!!!

Andre tiene un amor ideal
Piensa que puede confiar
La nomine desde la primer vez
y no sabe a quien salve
Don, don, don,
Don, don, don,
A eugenia

Siempre fue divertido divagar
Dejar el afuera sin pensar
Hoy la placa comprime su ser
Ella en mi chica lunar,
Don, don, don
Don, don, don
Chica lunar

Casa queridaaa enséñame más
Tu habilidad de potenciar
Ella es mi espejo y refleja lo que soy
Suele ser duro aprender,
Don, don, don,
Don, don, don,
A madurar

Cuando me hundo en el mar
de este juego amoral
Un silencio total
es el encierro mental
del que me despido hoy

viernes, 4 de julio de 2008

Moby Dick en protestante digital

Melville, Dios y Moby Dick
Aunque pocos han leído el libro, el nombre de Moby Dick nos suena a la historia de una ballena. Lo que muchos no son conscientes, es que para su autor, es una parábola sobre la lucha del hombre con Dios. La obra de Herman Melville (1819-1891), que ahora publica AKAL (Madrid, 2007) en una nueva traducción de Fernando Velasco Garrido, refleja el conflicto espiritual que vivió el escritor norteamericano con su herencia puritana.

Esta nueva edición se ha propuesto meticulosamente rescatar los anacronismos e imágenes originales de una obra, que ha quedado desgastada por traducciones más planas. El libro va acompañado además de un aparato de notas de calidad, que van más allá de la referencia bibliográfica. Se incluye el léxico imprescindible de la literatura de mar, una concienzuda introducción sobre la época de Melville, la bibliografía que hay ahora disponible y una cuidada iconografía. El libro va acompañado además de un estupendo estudio final con el sugerente titulo de El gran arte de decir la verdad. Se trata por lo tanto de una verdadera edición canónica de la obra de Moby Dick, destinada a ser todo un clásico en lengua castellana. Muchos han oído hablar de este libro, inmortalizado en el cine por John Huston en 1956, pero pocos saben algo de su autor, La figura de Melville sigue siendo bastante enigmática, ya que ni siquiera en su época fue alguien precisamente popular. Su carrera está marcada por la decepción y las ilusiones frustradas. Es un escritor apaleado y fugitivo, cuyo oscuro carácter ha quedado oculto por la silueta de una ballena. Su monumental obra demuestra sin embargo un genio literario tal, que uno no puede menos que admirarse del titánico esfuerzo que supuso para Melville una vida cotidiana agobiada por las deudas y los desastres familiares. Su lucha contra viento y marea, no sólo le enfrentó a la indiferencia de sus contemporáneos, sino también contra sus propias borrascas interiores, de las que Moby Dick es un fiel reflejo.

APASIONANTE AVENTURERO
Este escritor de Nueva York es un apasionante aventurero. Ya a los quince años viaja a Inglaterra, para emprender en 1841 una travesía a los Mares del Sur, donde fue capturado por los salvajes en Taipí. El mar es para él una región oscura, regida por el instinto y las pasiones, que representa el mal. La historia humana no se basa por lo tanto para él, en sus realizaciones, sino en una agonía permanente. Sus libros mezclan por eso escenarios exóticos con una búsqueda metafísica, que hace de sus aventuras marítimas una verdadera alegoría de la complejidad humana. Los últimos años de su vida escribe de hecho un largo y ambicioso poema narrativo llamado Clarel, donde un estudiante de teología americano explora Palestina con la esperanza de encontrar una fe firme. Será en el invierno de 1851 cuando Melville publica Moby Dick, “un relato que se agranda página tras página, hasta usurpar el tamaño del cosmos”, como dijo Borges en su famoso prólogo a Bartleby, El Escribiente. Al principio uno supone que Moby Dick es una historia sobre la miserable vida de los arponeros de ballenas, luego uno piensa que el tema es la locura del capitán Ahab, pero finalmente uno descubre que la persecución de esa ballena blanca no es sino un símbolo y espejo de esa fatiga universal que asola el espíritu del hombre. Aunque ha habido interpretaciones de todas clases, incluida la marxista que ve en la ballena al capitalismo y a Ahab el revolucionario, la verdad es que Melville no deja lugar a dudas sobre la idea de que su novela trata en realidad sobre el vano intento de la criatura por acabar con el Creador.

ACABAR CON DIOS
Para el director de cine John Huston, “Ahab es el hombre que odia a Dios y ve en la ballena blanca la máscara pérfida del Creador”, ya que el capitán “considera al Creador un asesino, y se encuentra en la obligación de matarlo”. Lo primero que conocemos de Ahab es el siniestro sonido de sus pasos, ya que una pata de mandíbula de ballena sustituye a la que le fue arrebatada por Moby Dick. En la posada los marineros interrumpen sus canciones al oír sus pisadas, mirando hacía la ventana con un temor casi reverente.
Hay tormenta, y el capitán es visto a la luz de un relámpago, acompañado por un trueno. Cuando los marineros suben al ballenero, nadie ve a Ahab. Tampoco es visto los primeros días de navegación, aunque el sonido de sus pasos es insistente y obsesivo, incluso en alta mar. Es como una presencia intuida. Así de evanescente y siniestra es la sombra de la realidad humana, para Melville. Cuando por fin Ahab decide salir a cubierta, sus primeras palabras son para explicar a sus hombres la finalidad de su viaje: “destruir una ballena grande y blanca como una montaña de nieve”. El capitán obliga a sus marineros a hacer un juramento: “¡Que Dios acabe con nosotros, si nosotros no acabamos con Moby Dick!, ¡muerte a Moby Dick!, ¡que Dios nos dé caza a todos, si no damos caza a Moby Dick!”. Ahab ofrece entonces una moneda de oro a aquel que sea el primero en avistar la ballena, despertando la codicia e idolatría del corazón humano. Él y sus hombres beben ron en un ritual que recuerda a la ceremonia de la comunión cristiana, y los tres oficiales de a bordo cruzan sus lanzas a petición de Ahab, quien las agarra con gesto solemne en forma de cruz. El brillo de la moneda mantiene su atracción, pero en un momento cumbre el capitán apaga un fuego con sus manos, en una lanza esgrimida en lo alto, hacía el cielo.

UNA LUCHA INÚTIL
La influencia del capitán se va mostrando cada vez más autoritaria a medida que avanza la obra. “Yo no doy razones, doy ordenes”, dice Ahab para hacer que sus marineros se olviden de las otras ballenas, y se dediquen en cuerpo y alma a la captura de Moby Dick. Su misión abarca hombres de todas las razas, pero con un sólo propósito: acabar con Dios. Pero Ahab se siente viejo, “como si fuese Adán”. Ese antiguo anhelo de la humanidad se contrapone a dos personajes: el narrador, Ismael, y el primer oficial Starbuck. El primero es un hipocondríaco en cuya alma hay a menudo “un noviembre húmedo y lloviznoso”, que se hace a la mar “como sustitutivo de la pistola y la bala”. Y el oficial representa el orden institucional, que mantiene un firme rechazo a la conducta de Ahab. Pero para él, la utilidad de la ballena se limita a poder extraer de ella el aceite para los candiles de los hogares. Esa es la religión tradicional. Starbuck se enfrenta a un Ahab insomne y desesperado. Para el atormentado capitán, el lecho “es como un ataúd y las sabanas como un sudario”. Mientras que para Starbuck, la cama sólo sirve para descansar o acostarse con su esposa. El oficial considera esta travesía “un viaje maldito”, no porque tenga miedo de Moby Dick, sino de “la ira de Dios”. En la lucha final contra la ballena blanca vemos la tragedia de una humanidad que se enfrenta a Dios inútilmente. Así del “Dios ha muerto” de Nietzsche, no queda más que el “Nietzsche ha muerto” de Dios. Porque como decía el apóstol Pablo en Atenas, “en Él vivimos, nos movemos, y somos” (Hechos 17:28).
José de Segovia es periodista, teólogo y pastor en Madrid

miércoles, 2 de julio de 2008

Javi engaña...

Todo comenzó

en un casting que olvidé

el roce de la fama

me desesperaba...

Frente a mi vision

se pusieron a bailar

me querian engañar diciendo:

tres contra uno

cual hay?

Recuerdo callar

soñe estar ahí

y que tarde mucho en despertar

Empieza bienpero no aguanto

ser aquel doctor

se rompe la ficcion

apenas duele.

Tal vez me engañe

y es el riesgo de correr

no puedo competir

con los atuneros, oh no.

Recuerdo nominar

soñe tiunfar ahí

y despues estrepitosamente fracasar.

Ya no confiaba en la neutralidad

Tal vez engañe (engaña)...

martes, 1 de julio de 2008

La marcha antimarianelista

Los muchachos antimarianelistas
todos unidos triunfamos,
y desde ahora daremos un grito de corazón:
¡Viva Dardo! ¡Viva Dardo!

Por ese gran argentino que se supo conquistar
a la gran masa del pueblo
Con su simpatia y sinceridad.

¡Dardo, Dardo, qué grande sos!
¡Mi Marcelo, cuanto valés!
¡Dardo, Dardo, genio de la actuacion,
sos un maestro del humor!

Por darle su merecido a la mirra
que Dardo ha destruido,
el pueblo entero esta unido
y grita de corazón
¡Viva Dardo! ¡Viva Dardo!

Por ese gran argentino
que trabajó sin cesar,
para que reine en el pueblo
El buen humor y la Felicidad.

¡Dardo, Dardo, qué grande sos!
¡Mi Marcelo, cuanto valés!
Dardo, Dardo,
genio de la actuacion
sos un maestro del humor!

Imitemos el ejemplo
de este varón argentino,
y siguiendo su camino
gritemos de corazon!
¡Viva Dardo! ¡Viva Dardo!

Por hacer esa proeza extraordinaria .
que nadia epstein imagino
es la realidad y la efectiva
que debemos a Dardo!

¡Dardo, Dardo, qué grande sos!
¡Mi Marcelo, cuanto valés!
¡ Dardo, Dardo,
sos un maestro del humor!